ERMELINDO RIVODÓ PALOMINA
(SÉNIOR)
Ermelindo Rivodó
Palomina (Sénior)
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Ermelindo Rivodó Palomina (Sénior) Foto colección familia Rivodó |
Testigo de la Transformación de Venezuela en el Siglo XIX
En el
año 1820, en medio de un convulso período conocido como la Tercera República de
Venezuela, y tras la promulgación de la Ley Fundamental del Congreso de
Angostura, se asistió a un momento trascendental en la historia de Venezuela.
En ese año, se forjó la unión de Venezuela con la Nueva Granada (Colombia),
dando origen a la Gran Colombia. Posteriormente, Panamá y Ecuador se unieron a
esta entidad.
Este período estuvo caracterizado
por una intensa agitación regionalista y una notable oposición a Simón
Bolívar, una figura central en la formación de la Gran Colombia que luchaba
por un poder vitalicio con riesgo a convertirse en monarquía. La resistencia se
manifestó particularmente en grupos secesionistas, liderados en Venezuela por
el destacado líder José Antonio Páez que con su movimiento llamado La
Cosiata buscaba la separación de Venezuela de La Gran Colombia.
En ese contexto de cambios y
desafíos, el 7 de enero de 1829[1], en la ciudad de La
Guaira, nació Ermelindo Rivodó Palomina (Sénior). Esta ciudad, que hoy
forma parte del Estado Vargas en Venezuela, fue testigo de un período crucial
de transformación histórica. La casa en la que nació Ermelindo Rivodó, ubicada
en la calle Mamón a Cochera N° 72[2], también albergó a
su padre, José Francisco Rivodó Laguna, quien desempeñó un papel
importante en el contexto de la Gran Colombia.
Ermelindo Rivodó Palomina (Sénior),
desde su temprana infancia, vivió una época de cambios políticos
significativos. A la edad de un año, la Gran Colombia se disolvió, marcando el
final de una era y el comienzo de un nuevo capítulo en la historia de
Venezuela. La desintegración de la Gran Colombia coincidió con la muerte de Simón
Bolívar, una figura emblemática en la lucha por la independencia de América
Latina.
Tras esta separación, el General José
Antonio Páez, un amigo cercano de su padre, asumió la presidencia de
Venezuela, inaugurando lo que se conoció como la Cuarta República. Esta era
una época de desafíos y oportunidades para Venezuela, en la que figuras como José
Antonio Páez desempeñaron un papel fundamental en la configuración del
país.
Ermelindo Rivodó Palomina
(Sénior), a lo largo de su vida, fue un testigo excepcional de los cambios
políticos y sociales que moldearon Venezuela en el siglo XIX. Su historia
personifica la transformación de una nación en busca de su identidad y
estabilidad política en una región marcada por la agitación y la lucha por la
independencia.
Ermelindo Rivodó: Más allá de la poesía
Ermelindo Rivodó Palomina
(Sénior) desde una edad temprana, demostró una determinación excepcional y
un compromiso con la verdad y la justicia, valores que lo acompañaron durante
toda su vida. A pesar de su reputación de firmeza y franqueza, cultivó la
armonía y las relaciones humanas, forjando una red de conexiones que perduraría
a lo largo de su vida, uniendo su destino al del General José Antonio Páez,
quien presidía Venezuela en ese entonces.
A la edad de 13 años[3],
Ermelindo abandonó sus estudios para sumergirse en el mundo del comercio. En
esa etapa de su vida, dedicada al comercio, también tuvo la oportunidad de
servir en el Cuartel de Milicias de La Guaira, situado entre las calles Mamón y
Cochera, un edificio que más tarde se convertiría en la cárcel pública de La
Guaira.
Desde su niñez, quedó claro que Ermelindo
Rivodó había elegido el camino de la verdad y la lucha por la justicia. Estas
cualidades se fortalecieron con los años, y su influencia positiva en la
sociedad creció significativamente.
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Ermelindo Rivodó Foto colección familia Rivodó |
Desde temprana edad, Ermelindo se sintió atraído por la poesía, las letras y los idiomas. Su amor por el estudio se entrelazó con su actividad empresarial, como socio en el almacén comercial "Hernández y Rivodó". Este compromiso con el aprendizaje lo llevó a convertirse en un hombre culto, especialmente interesado en los clásicos españoles y las obras literarias nacionales[4].
Ermelindo Rivodó no se limitó a ser un poeta. Su vida se tejió con una amplia gama de roles y vocaciones: músico, crítico, filólogo, traductor, tesorero, administrador, comerciante, impresor, filósofo, filántropo, político, historiador, agente aduanal y comisionista. Sin embargo, su virtud más destacada siempre fue su honradez.
A través del tiempo, a Ermelindo
Rivodó Palomina (Sénior) se le ha estudiado principalmente por su labor como
poeta, dejando en segundo plano el resto de su talento. Su extraordinario
virtuosismo y su título de "hombre completo" son facetas de su vida
que a menudo pasan desapercibidas.
Ermelindo Rivodó
representa un ejemplo sobresaliente de que el valor de un individuo no se mide
únicamente por la cantidad de su obra, sino por el respeto y la influencia que
ejerce en la sociedad. Fue un hombre de comportamiento recto y ejemplar, cuya
voz siempre fue escuchada y cuyos consejos fueron apreciados por todos. Su
altruismo se hizo evidente en cada situación necesaria, y su brillante obra es
solo una parte de su legado.
Ermelindo destacó en
numerosos aspectos de la vida y la sociedad de su época. Además de su faceta
como poeta, tuvo una presencia sólida en el ámbito comercial. Durante muchos
años, dirigió un exitoso almacén en La Guaira, conocido por la venta de
mercancías generales y alimentos, así como por brindar servicios de agentes
aduanales y comisionistas. Esta empresa, denominada "Hernández y
Rivodó", se caracterizó por su compromiso con la comunidad, participando
en momentos críticos para donar, regalar, compartir y colaborar con la villa.
Este éxito comercial proporcionó los recursos necesarios para mantener a su
extensa familia.
Ermelindo tuvo dos matrimonios a lo largo de su vida. El
primero fue con doña Susana del Carmen Breca Diez, hermana del poeta Juan
José Luis del Carmen Breca Diez, conocido como “el mocho Breca” por haber
perdido un brazo durante la guerra, figura destacada en la cultura de La
Guaira. Tuvieron diez hijos en total, aunque dos fallecieron en la infancia.
Tras enviudar, contrajo un segundo matrimonio con doña Ascensión Pizzorno
Solórzano (Arnao), con quien tuvo cuatro hijos.
La influencia de Ermelindo
Rivodó en el comercio fue tan significativa que, en 1863, junto con otros
11 comerciantes del puerto de La Guaira, otorgó un préstamo de 300 mil pesos al
Gobierno. En ese momento, la presidencia era provisional y estaba en manos de Juan
Crisóstomo Falcón. En el Anuario de Comercio de 1885, figura como Tesorero
de la "Caja de Ahorros" de La Guaira, ubicada en la calle del
Comercio[5].
Además de sus éxitos en el comercio interno, Ermelindo y su empresa
realizaron exitosas exportaciones a diferentes partes del mundo, destacando en
países como Inglaterra y Francia. Entre los productos exportados se encontraban
cacao, café, algodón, pasilla, azúcar y frutos secos, como se documenta en el
periódico El Federalista en diversas fechas[6].
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Ermelindo Rivodó Fotos colección familia Rivodó |
En agosto de 1859, en el contexto
de la Guerra Federal, se produjo un enfrentamiento entre liberales
(Federalistas) y conservadores (Centralistas) en La Guaira. Este conflicto
llevó a la renuncia del presidente Julián Castro y a la formación de un
gobierno Cívico Militar en el Cantón de La Guaira, liderado por José Manuel
Calimán.
Ermelindo
Rivodó, una figura notable e influyente en la villa, fue apresado durante el enfrentamiento junto a
otras personalidades. Sin embargo, fue liberado el 13 de ese mismo mes, con la
condición de reunir la banda musical para un evento crucial al mediodía[10].
"Ermelindo se destacó
en la filología, como lo demuestran sus 'Juguetes Filológicos', que firmó
exclusivamente con sus iniciales. En estas obras, analizaba con abundancia de
citas y referencias el significado de muchas palabras y frases en uso entre la
gente. A veces, polemizaba, como lo hizo con Julio Calcaño[11],
y publicaba en 'El Cojo Ilustrado'. La Real Academia de la Lengua Española hace
mención de uno de sus escritos, llamado 'Notable Solecismo', publicado en 'El
Cojo Ilustrado 254-255'[12]"
Participó activamente en
política, siempre vigilante de los intereses de sus conciudadanos y de los
habitantes de La Guaira. El 6 de febrero de 1862[13],
el Gobernador jefe Superior de la provincia de Caracas lo nombró miembro del
Concejo Municipal del Cantón de Vargas. Ese mismo año, fue el Orador de Orden,
junto a otros ilustres, en la bienvenida a Pedro José Rojas, secretario
general del jefe supremo de la República, José Antonio Páez, durante la
Guerra Federal. Este evento permitió la liberación de 21 presos políticos[14].
Además, en agosto de 1868[15],
fue designado como parte del Concejo Administrador, a pesar de que siempre
mantuvo distancia de las afiliaciones políticas, apoyando al Partido Nacional
en contra del Partido Amarillo. En ese momento, José Ruperto Monagas era
el presidente. Curiosamente, la persona electa como jefe Civil del Distrito
Vargas en 1868 fue José Manuel Calimán, quien había sido la misma
persona que lo arrestó durante el movimiento del 2 de agosto de 1859, aunque lo
liberó unos días después. Ese mismo año, Ermelindo formó parte de los
ciudadanos que intentaron crear la "Junta Patriótica de La Guaira"
junto a otros notables de Vargas[16].
El "don de gente", una
cualidad innata que Ermelindo Rivodó Palomina (Sénior) llevaba consigo, lo
convirtió en una figura especial en todas sus acciones. Este rasgo lo impulsó a
luchar incansablemente por su gente, sus amigos y sus conciudadanos
necesitados. Según lo escrito en el diario de su hija Berta Luisa Rivodó
Pizzorno, en 1896, ya casi ciego y viviendo en Caracas, Ermelindo
solía visitar el muelle de La Guaira. Aprovechaba estas visitas para llevar
regalos a los caleteros, con quienes había compartido muchos años de su vida a
través de su almacén comercial. Cuando los caleteros sabían de su presencia, se
acercaban con alegría, demostrando un aprecio palpable, que se reflejaba en las
sonrisas de todos. Ermelindo estrechaba la mano de cada uno, los llamaba
por su nombre, se interesaba por sus familias y les entregaba dinero como
regalo para que compraran dulces a sus hijos en su nombre. Además, les ofrecía
consejos con un cariño especial y personalizado a cada uno. No había distinción
de estatus social, color o posición; todos eran recibidos con alegría al
enterarse de su presencia. En su hogar, mantuvo a una joven de color, a quien
consideraba como una hija más, y enseñó a sus hijas a tratarla con cariño y
consideración, ya que la niña no tenía padres. En una ocasión, compró una casa
para una ama de llaves que trabajaba como cocinera, asegurando que viviera
cómodamente y pudiera dejar algo a sus sobrinas al final de su vida.
El nombre de su empresa aparece
con frecuencia en listas de donantes en obras benéficas. En abril de 1869[17],
realizó una donación en apoyo a los vecinos de Margarita. Además, se le vincula
con contribuciones en obras religiosas y humanitarias, dado su profundo
compromiso católico. En marzo de 1885[18],
lideró la formación de una junta para recaudar fondos a favor de las víctimas
del terremoto de Los Andes. Asimismo, desempeñó un papel significativo en la
donación para la reparación de la Capilla de la Soledad de María del Cardonal,
perteneciente a la Arquidiócesis de La Guaira, la cual había sufrido daños
considerables desde el terremoto de 1812[19].
Su altruismo llegó al punto de dedicar su único libro publicado, que recopilaba
gran parte de sus escritos a lo largo de su vida, al "Asilo de
Huérfanos", dirigido por el señor Ledo (Agustín Aveledo) [20],
con el objetivo de apoyar esta noble causa.
Era un estudioso y su curiosidad
abarcaba muchas ciencias, además de las reuniones literarias, políticas,
musicales y comerciales en las que estaba presente, todo lo que pudiera ser
cultura estaba en su interés, también asistía a las reuniones de la Sociedad de
Ciencias Físicas y Naturales de Caracas y lo vemos reflejado en una donación
que les hizo, dirigidas a don Adolf Ernst, de un crustáceo del orden
“estomápodes”, género Squilla, como quedó asentado en un acta redactada por el
mismo Ernst de una de sus sesiones[21].
Ermelindo Rivodó: La filología por
herencia:
Bajo un profundo respeto y
admiración hacia su hermano mayor, don Baldomero Rivodó Palomina (Sénior),
el cual le ha servido como guía, consejero y modelo a seguir, tal como él mismo
lo escribe en el “ofertorio” de su libro de poesías “Hojas de un libro”, dedica
también muchas de sus horas ajenas al comercio al estudio de la lengua
castellana, la literatura, la poesía y con esmero en su juventud a la Clásica
española, en especial a Cervantes, que idolatra como a ninguno, y luego, a
aquellos que siguieron al célebre autor del Quijote, brillando en los diversos
campos de la literatura española, cuyo cultivo, especialmente las formas
poéticas, las letrillas (composición poética breve), églogas (subgénero de la
poesía lírica que se dialoga a veces como una pequeña pieza teatral en un acto)
y los sonetos (composición poética compuesta por 14 versos endecasílabos en su
forma clásica). En el prólogo de su libro, que escribe el 26 de febrero de
1856, en La Guaira, muchos años antes de su publicación indica que no se atiene
a ninguna doctrina literaria, sólo escribe para el desahogo del ánimo, y tal
vez solaz de su propia inteligencia[22].
La crítica hacia don Ermelindo
Rivodó Palomina (Sénior) abunda en alabanzas sobre sus escritos, indican
que es un Inspirado poeta y correcto prosista. Los más ilustres escritores,
poetas y críticos se desviven en buenos comentarios hacia nuestro poeta, como
el caso de don Julio Calcaño, uno de los fundadores de la Academia
Venezolana de la Lengua y Secretario Perpetuo, lo considera uno de los más
“entendidos literatos” [23].
Rafael Villavicencio, otro miembro de la Academia Venezolana de la
Lengua, el 27 de mayo de 1893, le dedica unas palabras en El Cojo Ilustrado,
por el escrito que esta revista publicara a petición de sus lectores, sobre un
ya añejo escrito de Don Ermelindo, con motivo de la llegada de la primera
máquina de vapor a La Guaira, el 14 de diciembre de 1853, escrito titulado:
“Causa célebre de una máquina de vapor”, poema humorístico dedicado a tal
acontecimiento y al escándalo que suscitó. En el poema, se realiza un juicio
popular para juzgar a Lemoine, el introductor, conocido como "Lemuá".
El orador, que acusa, dice: "Este señor ha montado/ Una máquina-vapor, /
Que es un infierno, señor, / Al que nos ha condenado. // A un ruido sordo, incesante,
/ (Y eso es lo que menos daña) / Tal humareda acompaña, / Que el diablo que se
la aguante/ Señor, la calle se llena / De un vapor mercanticida, / Que
amenazando la vida / Nos tiene la vida en pena". El poema cómico finaliza
cuando se condena a "Que el señor Lemuá coloque / En el lugar donde tiene
/ su máquina, un tubo largo, / Que al copo del cerro llegue / Por su altura, y
de este modo, / Nadie sufra ni se queje"[24].
Don Rafael Villavicencio escribe al director de El Cojo Ilustrado:
“Permítame usted que le felicite muy cordialmente por la feliz idea que usted
ha tenido de reproducir, en el último número de “El Suplemento,” la ingeniosa y
humorística composición del señor Ermelindo Rivodó.” “El aplauso general con
que fue recibida esta producción de nuestro talentoso amigo, en el momento de
su primera publicación, demuestra su mérito incuestionable.” Y luego escribe:
“En nuestro humilde concepto, el trabajo del señor Rivodó es una obra maestra,
y tiene muy bien merecido el honor de una reproducción en su importante periódico” [25].
La revista El Cojo Ilustrado
escribe una pequeña biografía sobre Ermelindo Rivodó, en donde destaca
su principal característica, que es la moral y hace mención sobre sus
producciones literarias, indicando: “Fecundo ingenio, ha producido mucho en los
diversos géneros de la poesía, y todas sus producciones tienen sello de
originalidad como las de Yépez, y clásico sabor como las de Baralt” [26]. Más adelante
en el mismo escrito, destacan: “El señor Rivodó, en nuestro concepto, es
uno de nuestros más notables poetas, un literato consumado, uno de nuestros
clásicos, como que tiene inspiración y vuelo y plenitud de conocimientos” [27].
Una
poesía de Ermelindo Rivodó aparece dentro de “Las cien mejores poesías líricas
venezolanas” la cual denominó: “La flor solitaria” [28].
Sabemos de la alegría que le
producía a nuestro ancestro que publicaran sus escritos, más aún, si esa
publicación ha sido en un periódico o revista del extranjero, como tenemos en
la revista española “La Ilustración”, que publica en 1885 uno de los poemas de Ermelindo
Rivodó llamado “Un poema perdido” [29].
También, su libro aparece mencionado dentro de una revista de Bellas Artes y
actualidades publicada en Madrid, denominada “La Ilustración española y
americana” [30].
Muchos escritores, lo mencionan
como un ilustre poeta y ensayista, y ha sido siempre catalogado entre lo más
granado nacido en el Estado Vargas. Francisco Javier Pérez, en su libro
“El Sabio en ruinas”, lo cataloga dentro de la “mejor literatura patria” [31].
don Julio Calcaño lo incluye en su Parnaso Venezolano, entre el grupo de
los más grandes hombres de la poesía venezolana del siglo XIX[32].
En 1897, aparece uno de sus poemas, dentro del libro Antología americana:
Colección de composiciones escogidas de los más renombrados poetas americanos[33].
Como crítico literario y
cronista, la característica principal de Ermelindo Rivodó, fue la de
encontrar las mieles de cada trabajo, resaltar los puntos dotados del don de la
belleza, gesto y característica que le generó la crítica de los más duros del
género, por considerar que se dejaba llevar por la amistad y el corazón, lo que
hoy sabemos que es una opinión equivocada, porque don Ermelindo Rivodó,
entre los valores enseñados a nuestra familia, siempre mantuvo el punto
importante de la “humildad”, evitando la crítica mezquina e innecesaria,
dejándonos el legado de entender que el arte, la poesía y demás pueden ser
visto desde muchos colores de ojos, entendidos desde muchas maneras, por lo que
no debemos buscar la crítica destructiva de algo tan amplio, sino encontrar los
puntos que decoren el trabajo de quién analizamos. “Rivodó ha hecho en
sus juicios, lo mismo que Pérez Coronado: Ver sólo las bellezas y
magnificarlas a las alturas de la amistad” [34].
En su
trabajo de cronista más reconocido, en 1886 visita en París al joven Cristóbal
Rojas[35],
haciendo primero una narración del París que encuentra en aquella época,
describiendo lo que ve de una manera armoniosa, sencilla e interesante que
hacen evocar el dinamismo y la elegancia con la que se vivía en aquellos
momentos. La descripción del artista, de su estudio, de sus obras, los
recuerdos de algún dibujo que le impregnaron la mente de emoción y finalmente
la descripción de la obra del afamado y joven pintor, hace de esta crónica un
espacio de tiempo que provoque vivirlo, condensarlo y hacer un estudio a
profundidad tanto de la personalidad el pintor como de su obra. ¡Bravo
Rojas…Bravo Rivodó!
Don Ermelindo Rivodó fue un destacado Masón, miembro de la Logia Unanimidad Nº 3 de La Guaira, iniciado el 9 de marzo de 1873[36]
Un error muy común encontrado en
las diferentes biografías y escritos en donde mencionan a don Ermelindo
Rivodó, es indicar que toda su obra está condensada en un solo libro,
denominado “Hojas de un libro”, y creemos importante hacer saber, que en ese
libro se encuentra únicamente una parte de su obra “poética”, porque sabemos
que su intención era publicar dos volúmenes con sus obras recopiladas, siendo
que el tiempo y la salud le impidieron culminar su intención, dejando en casa
otra parte almacenada en sus cuadernos, hojas y distintos lugares en donde
escribió cada composición, por lo que podemos afirmar, que su obra conocida ha
sido la que en resultado permitió dar a luz su primera parte, quedando otra
privada y desconocida para aquellos distintos de su hogar. Su obra se
complementa con sus estudios, escritos en diferentes periódicos y revistas,
principalmente en El Cojo Ilustrado, con sus JUGUETES FILOLÓGICOS, las crónicas
y crítica literaria que también quedaron plasmadas en diferentes medios de la
época y con sus traducciones. En el tintero quedó también un trabajo que
llevaba adelantado intitulado “Armonías Imitativas” que consistía en sus
maravillosas traducciones desde diferentes idiomas modernos, el inglés y el
alemán, el francés, el portugués y el italiano[37].
En el año 1886, debido a la
diabetes que padecía. Ya pierde la vista completamente, quedándose en el Puerto
de La Guaira en su casa en Caja de Agua a Jesús, número 68, hasta el año 1893
que se traslada a Caracas[38],
donde muere el 24 de diciembre de 1898.
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Imagen tomada de Amazon.es |
LAS DOS FLORES
Nace ignorada flor en
la espesura
con la luz matinal,
risa de Oriente;
casta como la diosa
de una fuente,
hija adorable de la
noche oscura.
Cuando ya el sol su
término apresura,
ella, herida, a
espirar dobla la frente;
dulce fragancia
esparce en corto ambiente,
y recibe en su tallo
sepultura.
Imagen fiel de virgen
candorosa,
es tu destino, oh
flor, tu misma suerte,
acaso un tiempo cruda
y venturosa.
Nace, despliega el
alma, aromas vierte;
brilla un instante y
un instante es diosa,
y halla en su trono
juntas vida y muerte.
Ermelindo Rivodó
Palomina (Sénior).
18 de febrero de
1847.
[1] Venezuela,
registros parroquiales y diocesanos, 1577-1995, Vargas, La Guaira, San Pedro Apóstol. Bautismos 1794-1850.
[2] Compendio de apuntes y tradiciones de La Guaira
(Viento veloz de fuego) por Enrique Rivodó.
[3] Perfiles venezolanos ó Galería de Hombres Célebres de
Venezuela en las letras, ciencias y artes. Por Felipe Tejera. Caracas. Imprenta
Sanz. 1881.
[4] El Cojo Ilustrado. Año I. 1° de abril de 1892. N°7.
Edición bimensual. Caracas, Venezuela.
[5] Anuario del Comercio, de la Industria, etc. De
Venezuela. Directores propietarios: Rojas Hermanos. Año XV de su publicación.
1885 Caracas, Rojas Hermanos.
[6] El Federalista. Diario de la tarde: 16 de junio de
1865, 24 de agosto de 1865, 29 de agosto de 1865, 18 de agosto de 1866, 19 de
junio de 1867, 18 de mayo de 1868, 06 de agosto de 1868.
[7] Nota de Eduardo Crema sobre:
Ermelindo Rivodó: Ensayos de la “Biblioteca de Escritores Venezolanos
Contemporáneos, con Noticias Bibliográficas”, por José María Rojas. Revista nacional de cultura - Temas65-70 - Página 143. 1948.
[8] Ecos y reflejos
de poetas italianos en algunos poetas venezolanos del siglo XIX. Edoardo
Crema. Instituto de Filosofía, Facultad
de Humanidades y Educación, Universidad Central de Venezuela - 42
páginas. 1956.
[9] Ibídem 177.
[10] Enciclopedia de la música en Venezuela: I-Z. José Peñín, Walter Guido. Fundación
Bigott. 1998.
[11] Revista nacional de cultura, Números 70-73. Ministerio
de Educación. 1948.
[12] Boletín de la Real Academia Española, volumen 47. Real
Academia Española. 1967.
[13] Registro Oficial. Publicaciones varias. Num. 18. Año
I. Caracas, Febrero 1862.
[14] Historia contemporánea de Venezuela por Francisco
González Guiñan. Tomo octavo. Empresas El
Cojo. Caracas. 1910.
[15] El Federalista. Diario de la tarde. Caracas, martes 13
de octubre de 1868. Año VI. Mes III. Número 1.540
[16] El Federalista. Diario de la tarde. Año V. Número 1.459. Caracas, miércoles 8 de
julio de 1868.
[17] El Federalista. Diario de la tarde. Año 6°. Mes 9°.
Número 1.692. Caracas, jueves 22 de abril de 1869.
[18] La Opinión Nacional, jueves 12 de marzo de 1885. Año
XVIII - Mes III No. 4685 pág. 02
[19] http://issuu.com/fondoeditorialbolivariano/docs/vargas__vargas_/18
[20] Hojas de un libro. Poesías. Tomo I. Ermelindo Rivodó.
Imprenta del Diario de La Guaira. 1884.
[21] Vargasía. N° 5, Boletín de la Sociedad de Ciencias
Físicas y Naturales de Caracas. Imprenta de Los Estados Unidos de Venezuela.
1869.
[22] Ibídem.
[23] "Parnaso venezolano; colección
de poesías de autores venezolanos desde mediados del siglo XVIII hasta nuestros
días precedida de una introducción acerca del origen y progreso de la poesía en
Venezuela". Julio Calcaño. 1892.
Tipografía de El Cojo.
[24] La energía del vapor: una avanzada del progreso. Rafael
Cartay, Universidad de Los Andes, Venezuela,
http://www.revistaespacios.com/a95v16n03/30951603.html
[25] El Cojo Ilustrado. Año II. N° 35. 1° de junio de 1893.
Empresa El Cojo, Caracas, Venezuela.
[26] El Cojo Ilustrado. Año I. N° 7. 1° de abril de 1892.
Empresa El Cojo, Caracas, Venezuela.
[27] Ibídem.
[28] Las cien
mejores poesías liricas venezolanas. Pedro Pablo Barnola, S.J. Universidad Católica Andrés Bello. Caracas.
Octava edición 2002.
[29] La Ilustración. Revista Hispano-Americana. 15 de marzo
de 1885. Año 6. Número 228. Barcelona, España.
[30] La Ilustración española y americana. Año XXIX. Num. 1
Madrid, 8 de enero de 1883.
[31], El sabio en ruinas, biografía escritura de Felix
Bigotte. Francisco Javier Pérez. Bigotteca. 2007.
[32] Oídos sordos. Julio Calcaño y la historia del purismo
lingüístico en Venezuela. Francisco Javier
Pérez. Univesidad Católica Andrés Bello. Caracas. 2002.
[33] Antología americana : Colección de composiciones escogidas de
los más renombrados poetas americanos. Montaner y Simón (Barcelona). 1897.
[34] Perfiles venezolanos ó Galería de Hombres Célebres de
Venezuela en las letras, ciencias y artes. Por Felipe Tejera. Caracas. Imprenta
Sanz. 1881.
[35] Una visita al joven pintor venezolano Cristobal Rojas,
por Ermelindo Rivodó. Fuentes documentales y críticas de las artes plásticas
venezolanas: siglos XIX y XX. Vol.1 Roldán Esteva-Grillet (compilador)
[36]
http://patrimoniodevargas.blogspot.jp/2013_09_01_archive.html. Whylmhar Daboín
y Abílio De Oliveira.
[37] Revista
nacional de cultura, números 70-73. 1948. Nota de Edoardo Crema sobre Ermelindo Rivodó: Ensayos de la “Biblioteca de
Escritores Venezolanos Contemporáneos, con Noticias Bibliográficas”, por José
María Rojas.
[38] Compendio de apuntes y tradiciones de La Guaira
(Viento veloz de fuego) por Enrique Rivodó.