sábado, 14 de octubre de 2023

ERMELINDO RIVODÓ PALOMINA (SÉNIOR)

 

ERMELINDO RIVODÓ PALOMINA (SÉNIOR)





Ermelindo Rivodó Palomina (Sénior)

Ermelindo Rivodó Palomina (Sénior)
Foto colección familia Rivodó

 

Testigo de la Transformación de Venezuela en el Siglo XIX

                En el año 1820, en medio de un convulso período conocido como la Tercera República de Venezuela, y tras la promulgación de la Ley Fundamental del Congreso de Angostura, se asistió a un momento trascendental en la historia de Venezuela. En ese año, se forjó la unión de Venezuela con la Nueva Granada (Colombia), dando origen a la Gran Colombia. Posteriormente, Panamá y Ecuador se unieron a esta entidad.

Este período estuvo caracterizado por una intensa agitación regionalista y una notable oposición a Simón Bolívar, una figura central en la formación de la Gran Colombia que luchaba por un poder vitalicio con riesgo a convertirse en monarquía. La resistencia se manifestó particularmente en grupos secesionistas, liderados en Venezuela por el destacado líder José Antonio Páez que con su movimiento llamado La Cosiata buscaba la separación de Venezuela de La Gran Colombia.

En ese contexto de cambios y desafíos, el 7 de enero de 1829[1], en la ciudad de La Guaira, nació Ermelindo Rivodó Palomina (Sénior). Esta ciudad, que hoy forma parte del Estado Vargas en Venezuela, fue testigo de un período crucial de transformación histórica. La casa en la que nació Ermelindo Rivodó, ubicada en la calle Mamón a Cochera N° 72[2], también albergó a su padre, José Francisco Rivodó Laguna, quien desempeñó un papel importante en el contexto de la Gran Colombia.

Ermelindo Rivodó Palomina (Sénior), desde su temprana infancia, vivió una época de cambios políticos significativos. A la edad de un año, la Gran Colombia se disolvió, marcando el final de una era y el comienzo de un nuevo capítulo en la historia de Venezuela. La desintegración de la Gran Colombia coincidió con la muerte de Simón Bolívar, una figura emblemática en la lucha por la independencia de América Latina.

Tras esta separación, el General José Antonio Páez, un amigo cercano de su padre, asumió la presidencia de Venezuela, inaugurando lo que se conoció como la Cuarta República. Esta era una época de desafíos y oportunidades para Venezuela, en la que figuras como José Antonio Páez desempeñaron un papel fundamental en la configuración del país.

Ermelindo Rivodó Palomina (Sénior), a lo largo de su vida, fue un testigo excepcional de los cambios políticos y sociales que moldearon Venezuela en el siglo XIX. Su historia personifica la transformación de una nación en busca de su identidad y estabilidad política en una región marcada por la agitación y la lucha por la independencia.


Ermelindo Rivodó: Más allá de la poesía

            Ermelindo Rivodó Palomina (Sénior)
desde una edad temprana, demostró una determinación excepcional y un compromiso con la verdad y la justicia, valores que lo acompañaron durante toda su vida. A pesar de su reputación de firmeza y franqueza, cultivó la armonía y las relaciones humanas, forjando una red de conexiones que perduraría a lo largo de su vida, uniendo su destino al del General José Antonio Páez, quien presidía Venezuela en ese entonces.

A la edad de 13 años[3], Ermelindo abandonó sus estudios para sumergirse en el mundo del comercio. En esa etapa de su vida, dedicada al comercio, también tuvo la oportunidad de servir en el Cuartel de Milicias de La Guaira, situado entre las calles Mamón y Cochera, un edificio que más tarde se convertiría en la cárcel pública de La Guaira.

Desde su niñez, quedó claro que Ermelindo Rivodó había elegido el camino de la verdad y la lucha por la justicia. Estas cualidades se fortalecieron con los años, y su influencia positiva en la sociedad creció significativamente.

Ermelindo Rivodó
Foto colección familia Rivodó
            
Desde temprana edad, Ermelindo se sintió atraído por la poesía, las letras y los idiomas. Su amor por el estudio se entrelazó con su actividad empresarial, como socio en el almacén comercial "Hernández y Rivodó". Este compromiso con el aprendizaje lo llevó a convertirse en un hombre culto, especialmente interesado en los clásicos españoles y las obras literarias nacionales[4].

Ermelindo Rivodó
no se limitó a ser un poeta. Su vida se tejió con una amplia gama de roles y vocaciones: músico, crítico, filólogo, traductor, tesorero, administrador, comerciante, impresor, filósofo, filántropo, político, historiador, agente aduanal y comisionista. Sin embargo, su virtud más destacada siempre fue su honradez.

A través del tiempo, a Ermelindo Rivodó Palomina (Sénior) se le ha estudiado principalmente por su labor como poeta, dejando en segundo plano el resto de su talento. Su extraordinario virtuosismo y su título de "hombre completo" son facetas de su vida que a menudo pasan desapercibidas.

Ermelindo Rivodó representa un ejemplo sobresaliente de que el valor de un individuo no se mide únicamente por la cantidad de su obra, sino por el respeto y la influencia que ejerce en la sociedad. Fue un hombre de comportamiento recto y ejemplar, cuya voz siempre fue escuchada y cuyos consejos fueron apreciados por todos. Su altruismo se hizo evidente en cada situación necesaria, y su brillante obra es solo una parte de su legado.

Ermelindo destacó en numerosos aspectos de la vida y la sociedad de su época. Además de su faceta como poeta, tuvo una presencia sólida en el ámbito comercial. Durante muchos años, dirigió un exitoso almacén en La Guaira, conocido por la venta de mercancías generales y alimentos, así como por brindar servicios de agentes aduanales y comisionistas. Esta empresa, denominada "Hernández y Rivodó", se caracterizó por su compromiso con la comunidad, participando en momentos críticos para donar, regalar, compartir y colaborar con la villa. Este éxito comercial proporcionó los recursos necesarios para mantener a su extensa familia.

            Ermelindo tuvo dos matrimonios a lo largo de su vida. El primero fue con doña Susana del Carmen Breca Diez, hermana del poeta Juan José Luis del Carmen Breca Diez, conocido como “el mocho Breca” por haber perdido un brazo durante la guerra, figura destacada en la cultura de La Guaira. Tuvieron diez hijos en total, aunque dos fallecieron en la infancia. Tras enviudar, contrajo un segundo matrimonio con doña Ascensión Pizzorno Solórzano (Arnao), con quien tuvo cuatro hijos.

La influencia de Ermelindo Rivodó en el comercio fue tan significativa que, en 1863, junto con otros 11 comerciantes del puerto de La Guaira, otorgó un préstamo de 300 mil pesos al Gobierno. En ese momento, la presidencia era provisional y estaba en manos de Juan Crisóstomo Falcón. En el Anuario de Comercio de 1885, figura como Tesorero de la "Caja de Ahorros" de La Guaira, ubicada en la calle del Comercio[5]. Además de sus éxitos en el comercio interno, Ermelindo y su empresa realizaron exitosas exportaciones a diferentes partes del mundo, destacando en países como Inglaterra y Francia. Entre los productos exportados se encontraban cacao, café, algodón, pasilla, azúcar y frutos secos, como se documenta en el periódico El Federalista en diversas fechas[6].

Ermelindo Rivodó
Fotos colección familia Rivodó
En paralelo a su exitosa carrera comercial, Ermelindo Rivodó también se destacó como autodidacta en el estudio de los idiomas. Se convirtió en un políglota talentoso y realizó traducciones de obras literarias en varios idiomas, incluyendo alemán, italiano, inglés, portugués y francés, además de su lengua materna, el castellano. Sus traducciones incluyen obras de autores destacados: Del alemán: Goethe, Hoffmann, Schiller; del francés: Heine, Musset, Lamartine; del italiano: Dante, Leopardi y del portugués:  Luis de Camoens[7]. Traducciones algunas de tal calibre, que el historiador italiano don Edoardo Crema indicaba que las traducciones maravillosas de Rivodó que hizo sobre los cantos de Leopardi, “deberían ser salvadas del olvido en que está sepultada desde el pasado siglo”[8].Como músico, Ermelindo demostró habilidades sobresalientes como cornetista y director de orquesta. Su conocimiento musical no se limitaba a la ejecución, sino que también se destacó como crítico musical, lo que le valió respeto en la comunidad. Por ejemplo, sus comentarios críticos sobre los conciertos de Simonsen para la segunda edición del Rayo Azul de Arístides Rojas generaron un amplio interés y debate entre los críticos musicales de la época[9].

En agosto de 1859, en el contexto de la Guerra Federal, se produjo un enfrentamiento entre liberales (Federalistas) y conservadores (Centralistas) en La Guaira. Este conflicto llevó a la renuncia del presidente Julián Castro y a la formación de un gobierno Cívico Militar en el Cantón de La Guaira, liderado por José Manuel Calimán.
            
            Ermelindo Rivodó, una figura notable e influyente en la villa, fue apresado durante el enfrentamiento junto a otras personalidades. Sin embargo, fue liberado el 13 de ese mismo mes, con la condición de reunir la banda musical para un evento crucial al mediodía[10].

"Ermelindo se destacó en la filología, como lo demuestran sus 'Juguetes Filológicos', que firmó exclusivamente con sus iniciales. En estas obras, analizaba con abundancia de citas y referencias el significado de muchas palabras y frases en uso entre la gente. A veces, polemizaba, como lo hizo con Julio Calcaño[11], y publicaba en 'El Cojo Ilustrado'. La Real Academia de la Lengua Española hace mención de uno de sus escritos, llamado 'Notable Solecismo', publicado en 'El Cojo Ilustrado 254-255'[12]"

Participó activamente en política, siempre vigilante de los intereses de sus conciudadanos y de los habitantes de La Guaira. El 6 de febrero de 1862[13], el Gobernador jefe Superior de la provincia de Caracas lo nombró miembro del Concejo Municipal del Cantón de Vargas. Ese mismo año, fue el Orador de Orden, junto a otros ilustres, en la bienvenida a Pedro José Rojas, secretario general del jefe supremo de la República, José Antonio Páez, durante la Guerra Federal. Este evento permitió la liberación de 21 presos políticos[14]. Además, en agosto de 1868[15], fue designado como parte del Concejo Administrador, a pesar de que siempre mantuvo distancia de las afiliaciones políticas, apoyando al Partido Nacional en contra del Partido Amarillo. En ese momento, José Ruperto Monagas era el presidente. Curiosamente, la persona electa como jefe Civil del Distrito Vargas en 1868 fue José Manuel Calimán, quien había sido la misma persona que lo arrestó durante el movimiento del 2 de agosto de 1859, aunque lo liberó unos días después. Ese mismo año, Ermelindo formó parte de los ciudadanos que intentaron crear la "Junta Patriótica de La Guaira" junto a otros notables de Vargas[16].

El "don de gente", una cualidad innata que Ermelindo Rivodó Palomina (Sénior) llevaba consigo, lo convirtió en una figura especial en todas sus acciones. Este rasgo lo impulsó a luchar incansablemente por su gente, sus amigos y sus conciudadanos necesitados. Según lo escrito en el diario de su hija Berta Luisa Rivodó Pizzorno, en 1896, ya casi ciego y viviendo en Caracas, Ermelindo solía visitar el muelle de La Guaira. Aprovechaba estas visitas para llevar regalos a los caleteros, con quienes había compartido muchos años de su vida a través de su almacén comercial. Cuando los caleteros sabían de su presencia, se acercaban con alegría, demostrando un aprecio palpable, que se reflejaba en las sonrisas de todos. Ermelindo estrechaba la mano de cada uno, los llamaba por su nombre, se interesaba por sus familias y les entregaba dinero como regalo para que compraran dulces a sus hijos en su nombre. Además, les ofrecía consejos con un cariño especial y personalizado a cada uno. No había distinción de estatus social, color o posición; todos eran recibidos con alegría al enterarse de su presencia. En su hogar, mantuvo a una joven de color, a quien consideraba como una hija más, y enseñó a sus hijas a tratarla con cariño y consideración, ya que la niña no tenía padres. En una ocasión, compró una casa para una ama de llaves que trabajaba como cocinera, asegurando que viviera cómodamente y pudiera dejar algo a sus sobrinas al final de su vida.

El nombre de su empresa aparece con frecuencia en listas de donantes en obras benéficas. En abril de 1869[17], realizó una donación en apoyo a los vecinos de Margarita. Además, se le vincula con contribuciones en obras religiosas y humanitarias, dado su profundo compromiso católico. En marzo de 1885[18], lideró la formación de una junta para recaudar fondos a favor de las víctimas del terremoto de Los Andes. Asimismo, desempeñó un papel significativo en la donación para la reparación de la Capilla de la Soledad de María del Cardonal, perteneciente a la Arquidiócesis de La Guaira, la cual había sufrido daños considerables desde el terremoto de 1812[19]. Su altruismo llegó al punto de dedicar su único libro publicado, que recopilaba gran parte de sus escritos a lo largo de su vida, al "Asilo de Huérfanos", dirigido por el señor Ledo (Agustín Aveledo) [20], con el objetivo de apoyar esta noble causa.

                Era un estudioso y su curiosidad abarcaba muchas ciencias, además de las reuniones literarias, políticas, musicales y comerciales en las que estaba presente, todo lo que pudiera ser cultura estaba en su interés, también asistía a las reuniones de la Sociedad de Ciencias Físicas y Naturales de Caracas y lo vemos reflejado en una donación que les hizo, dirigidas a don Adolf Ernst, de un crustáceo del orden “estomápodes”, género Squilla, como quedó asentado en un acta redactada por el mismo Ernst de una de sus sesiones[21].

               

Ermelindo Rivodó: La filología por herencia:

                Bajo un profundo respeto y admiración hacia su hermano mayor, don Baldomero Rivodó Palomina (Sénior), el cual le ha servido como guía, consejero y modelo a seguir, tal como él mismo lo escribe en el “ofertorio” de su libro de poesías “Hojas de un libro”, dedica también muchas de sus horas ajenas al comercio al estudio de la lengua castellana, la literatura, la poesía y con esmero en su juventud a la Clásica española, en especial a Cervantes, que idolatra como a ninguno, y luego, a aquellos que siguieron al célebre autor del Quijote, brillando en los diversos campos de la literatura española, cuyo cultivo, especialmente las formas poéticas, las letrillas (composición poética breve), églogas (subgénero de la poesía lírica que se dialoga a veces como una pequeña pieza teatral en un acto) y los sonetos (composición poética compuesta por 14 versos endecasílabos en su forma clásica). En el prólogo de su libro, que escribe el 26 de febrero de 1856, en La Guaira, muchos años antes de su publicación indica que no se atiene a ninguna doctrina literaria, sólo escribe para el desahogo del ánimo, y tal vez solaz de su propia inteligencia[22].

                La crítica hacia don Ermelindo Rivodó Palomina (Sénior) abunda en alabanzas sobre sus escritos, indican que es un Inspirado poeta y correcto prosista. Los más ilustres escritores, poetas y críticos se desviven en buenos comentarios hacia nuestro poeta, como el caso de don Julio Calcaño, uno de los fundadores de la Academia Venezolana de la Lengua y Secretario Perpetuo, lo considera uno de los más “entendidos literatos” [23]. Rafael Villavicencio, otro miembro de la Academia Venezolana de la Lengua, el 27 de mayo de 1893, le dedica unas palabras en El Cojo Ilustrado, por el escrito que esta revista publicara a petición de sus lectores, sobre un ya añejo escrito de Don Ermelindo, con motivo de la llegada de la primera máquina de vapor a La Guaira, el 14 de diciembre de 1853, escrito titulado: “Causa célebre de una máquina de vapor”, poema humorístico dedicado a tal acontecimiento y al escándalo que suscitó. En el poema, se realiza un juicio popular para juzgar a Lemoine, el introductor, conocido como "Lemuá". El orador, que acusa, dice: "Este señor ha montado/ Una máquina-vapor, / Que es un infierno, señor, / Al que nos ha condenado. // A un ruido sordo, incesante, / (Y eso es lo que menos daña) / Tal humareda acompaña, / Que el diablo que se la aguante/ Señor, la calle se llena / De un vapor mercanticida, / Que amenazando la vida / Nos tiene la vida en pena". El poema cómico finaliza cuando se condena a "Que el señor Lemuá coloque / En el lugar donde tiene / su máquina, un tubo largo, / Que al copo del cerro llegue / Por su altura, y de este modo, / Nadie sufra ni se queje"[24]. Don Rafael Villavicencio escribe al director de El Cojo Ilustrado: “Permítame usted que le felicite muy cordialmente por la feliz idea que usted ha tenido de reproducir, en el último número de “El Suplemento,” la ingeniosa y humorística composición del señor Ermelindo Rivodó.” “El aplauso general con que fue recibida esta producción de nuestro talentoso amigo, en el momento de su primera publicación, demuestra su mérito incuestionable.” Y luego escribe: “En nuestro humilde concepto, el trabajo del señor Rivodó es una obra maestra, y tiene muy bien merecido el honor de una reproducción en su importante periódico” [25].

                La revista El Cojo Ilustrado escribe una pequeña biografía sobre Ermelindo Rivodó, en donde destaca su principal característica, que es la moral y hace mención sobre sus producciones literarias, indicando: “Fecundo ingenio, ha producido mucho en los diversos géneros de la poesía, y todas sus producciones tienen sello de originalidad como las de Yépez, y clásico sabor como las de Baralt [26]. Más adelante en el mismo escrito, destacan: “El señor Rivodó, en nuestro concepto, es uno de nuestros más notables poetas, un literato consumado, uno de nuestros clásicos, como que tiene inspiración y vuelo y plenitud de conocimientos” [27].

                Una poesía de Ermelindo Rivodó aparece dentro de “Las cien mejores poesías líricas venezolanas” la cual denominó: “La flor solitaria” [28].

                Sabemos de la alegría que le producía a nuestro ancestro que publicaran sus escritos, más aún, si esa publicación ha sido en un periódico o revista del extranjero, como tenemos en la revista española “La Ilustración”, que publica en 1885 uno de los poemas de Ermelindo Rivodó llamado “Un poema perdido” [29]. También, su libro aparece mencionado dentro de una revista de Bellas Artes y actualidades publicada en Madrid, denominada “La Ilustración española y americana” [30].

                Muchos escritores, lo mencionan como un ilustre poeta y ensayista, y ha sido siempre catalogado entre lo más granado nacido en el Estado Vargas. Francisco Javier Pérez, en su libro “El Sabio en ruinas”, lo cataloga dentro de la “mejor literatura patria” [31]. don Julio Calcaño lo incluye en su Parnaso Venezolano, entre el grupo de los más grandes hombres de la poesía venezolana del siglo XIX[32]. En 1897, aparece uno de sus poemas, dentro del libro Antología americana: Colección de composiciones escogidas de los más renombrados poetas americanos[33].

                Como crítico literario y cronista, la característica principal de Ermelindo Rivodó, fue la de encontrar las mieles de cada trabajo, resaltar los puntos dotados del don de la belleza, gesto y característica que le generó la crítica de los más duros del género, por considerar que se dejaba llevar por la amistad y el corazón, lo que hoy sabemos que es una opinión equivocada, porque don Ermelindo Rivodó, entre los valores enseñados a nuestra familia, siempre mantuvo el punto importante de la “humildad”, evitando la crítica mezquina e innecesaria, dejándonos el legado de entender que el arte, la poesía y demás pueden ser visto desde muchos colores de ojos, entendidos desde muchas maneras, por lo que no debemos buscar la crítica destructiva de algo tan amplio, sino encontrar los puntos que decoren el trabajo de quién analizamos. “Rivodó ha hecho en sus juicios, lo mismo que Pérez Coronado: Ver sólo las bellezas y magnificarlas a las alturas de la amistad” [34].

                En su trabajo de cronista más reconocido, en 1886 visita en París al joven Cristóbal Rojas[35], haciendo primero una narración del París que encuentra en aquella época, describiendo lo que ve de una manera armoniosa, sencilla e interesante que hacen evocar el dinamismo y la elegancia con la que se vivía en aquellos momentos. La descripción del artista, de su estudio, de sus obras, los recuerdos de algún dibujo que le impregnaron la mente de emoción y finalmente la descripción de la obra del afamado y joven pintor, hace de esta crónica un espacio de tiempo que provoque vivirlo, condensarlo y hacer un estudio a profundidad tanto de la personalidad el pintor como de su obra. ¡Bravo Rojas…Bravo Rivodó!

               


Don Ermelindo Rivodó fue un destacado Masón, miembro de la Logia Unanimidad Nº 3 de La Guaira, iniciado el 9 de marzo de 1873[36]

                  Un error muy común encontrado en las diferentes biografías y escritos en donde mencionan a don Ermelindo Rivodó, es indicar que toda su obra está condensada en un solo libro, denominado “Hojas de un libro”, y creemos importante hacer saber, que en ese libro se encuentra únicamente una parte de su obra “poética”, porque sabemos que su intención era publicar dos volúmenes con sus obras recopiladas, siendo que el tiempo y la salud le impidieron culminar su intención, dejando en casa otra parte almacenada en sus cuadernos, hojas y distintos lugares en donde escribió cada composición, por lo que podemos afirmar, que su obra conocida ha sido la que en resultado permitió dar a luz su primera parte, quedando otra privada y desconocida para aquellos distintos de su hogar. Su obra se complementa con sus estudios, escritos en diferentes periódicos y revistas, principalmente en El Cojo Ilustrado, con sus JUGUETES FILOLÓGICOS, las crónicas y crítica literaria que también quedaron plasmadas en diferentes medios de la época y con sus traducciones. En el tintero quedó también un trabajo que llevaba adelantado intitulado “Armonías Imitativas” que consistía en sus maravillosas traducciones desde diferentes idiomas modernos, el inglés y el alemán, el francés, el portugués y el italiano[37].

                En el año 1886, debido a la diabetes que padecía. Ya pierde la vista completamente, quedándose en el Puerto de La Guaira en su casa en Caja de Agua a Jesús, número 68, hasta el año 1893 que se traslada a Caracas[38], donde muere el 24 de diciembre de 1898.

 

Imagen tomada de Amazon.es

LAS DOS FLORES

Nace ignorada flor en la espesura

con la luz matinal, risa de Oriente;

casta como la diosa de una fuente,

hija adorable de la noche oscura.

Cuando ya el sol su término apresura,

ella, herida, a espirar dobla la frente;

dulce fragancia esparce en corto ambiente,

y recibe en su tallo sepultura.

Imagen fiel de virgen candorosa,

es tu destino, oh flor, tu misma suerte,

acaso un tiempo cruda y venturosa.

Nace, despliega el alma, aromas vierte;

brilla un instante y un instante es diosa,

y halla en su trono juntas vida y muerte.

 

Ermelindo Rivodó Palomina (Sénior).

18 de febrero de 1847.




[1] Venezuela, registros parroquiales y diocesanos, 1577-1995, Vargas, La Guaira, San Pedro Apóstol. Bautismos 1794-1850.

[2] Compendio de apuntes y tradiciones de La Guaira (Viento veloz de fuego) por Enrique Rivodó.

[3] Perfiles venezolanos ó Galería de Hombres Célebres de Venezuela en las letras, ciencias y artes. Por Felipe Tejera. Caracas. Imprenta Sanz. 1881.

[4] El Cojo Ilustrado. Año I. 1° de abril de 1892. N°7. Edición bimensual. Caracas, Venezuela.

[5] Anuario del Comercio, de la Industria, etc. De Venezuela. Directores propietarios: Rojas Hermanos. Año XV de su publicación. 1885 Caracas, Rojas Hermanos.

[6] El Federalista. Diario de la tarde: 16 de junio de 1865, 24 de agosto de 1865, 29 de agosto de 1865, 18 de agosto de 1866, 19 de junio de 1867, 18 de mayo de 1868, 06 de agosto de 1868.

[7] Nota de Eduardo Crema sobre: Ermelindo Rivodó: Ensayos de la “Biblioteca de Escritores Venezolanos Contemporáneos, con Noticias Bibliográficas”, por José María Rojas. Revista nacional de cultura - Temas65-70 - Página 143. 1948.

[8] Ecos y reflejos de poetas italianos en algunos poetas venezolanos del siglo XIX. Edoardo Crema. Instituto de Filosofía, Facultad de Humanidades y Educación, Universidad Central de Venezuela - 42 páginas. 1956.

[9] Ibídem 177.

[10] Enciclopedia de la música en Venezuela: I-Z. José Peñín, Walter Guido. Fundación Bigott. 1998.

[11] Revista nacional de cultura, Números 70-73. Ministerio de Educación. 1948.

[12] Boletín de la Real Academia Española, volumen 47. Real Academia Española. 1967.

[13] Registro Oficial. Publicaciones varias. Num. 18. Año I. Caracas, Febrero 1862.

[14] Historia contemporánea de Venezuela por Francisco González Guiñan. Tomo octavo. Empresas El Cojo. Caracas. 1910.

[15] El Federalista. Diario de la tarde. Caracas, martes 13 de octubre de 1868. Año VI. Mes III. Número 1.540

[16] El Federalista. Diario de la tarde.  Año V. Número 1.459. Caracas, miércoles 8 de julio de 1868.

[17] El Federalista. Diario de la tarde. Año 6°. Mes 9°. Número 1.692. Caracas, jueves 22 de abril de 1869.

[18] La Opinión Nacional, jueves 12 de marzo de 1885. Año XVIII - Mes III No. 4685 pág. 02

[19] http://issuu.com/fondoeditorialbolivariano/docs/vargas__vargas_/18

[20] Hojas de un libro. Poesías. Tomo I. Ermelindo Rivodó. Imprenta del Diario de La Guaira. 1884.

[21] Vargasía. N° 5, Boletín de la Sociedad de Ciencias Físicas y Naturales de Caracas. Imprenta de Los Estados Unidos de Venezuela. 1869.

[22] Ibídem.

[24] La energía del vapor: una avanzada del progreso. Rafael Cartay, Universidad de Los Andes, Venezuela, http://www.revistaespacios.com/a95v16n03/30951603.html

[25] El Cojo Ilustrado. Año II. N° 35. 1° de junio de 1893. Empresa El Cojo, Caracas, Venezuela.

[26] El Cojo Ilustrado. Año I. N° 7. 1° de abril de 1892. Empresa El Cojo, Caracas, Venezuela.

[27] Ibídem.

[28] Las cien mejores poesías liricas venezolanas. Pedro Pablo Barnola, S.J.  Universidad Católica Andrés Bello. Caracas. Octava edición 2002.

[29] La Ilustración. Revista Hispano-Americana. 15 de marzo de 1885. Año 6. Número 228. Barcelona, España.

[30] La Ilustración española y americana. Año XXIX. Num. 1 Madrid, 8 de enero de 1883.

[31], El sabio en ruinas, biografía escritura de Felix Bigotte. Francisco Javier Pérez. Bigotteca. 2007.

[32] Oídos sordos. Julio Calcaño y la historia del purismo lingüístico en Venezuela. Francisco Javier Pérez. Univesidad Católica Andrés Bello. Caracas. 2002.

[33] Antología americana : Colección de composiciones escogidas de los más renombrados poetas americanos. Montaner y Simón (Barcelona). 1897.

[34] Perfiles venezolanos ó Galería de Hombres Célebres de Venezuela en las letras, ciencias y artes. Por Felipe Tejera. Caracas. Imprenta Sanz. 1881.

[35] Una visita al joven pintor venezolano Cristobal Rojas, por Ermelindo Rivodó. Fuentes documentales y críticas de las artes plásticas venezolanas: siglos XIX y XX. Vol.1 Roldán Esteva-Grillet (compilador)

[36] http://patrimoniodevargas.blogspot.jp/2013_09_01_archive.html. Whylmhar Daboín y Abílio De Oliveira.

[37] Revista nacional de cultura, números 70-73. 1948. Nota de Edoardo Crema sobre Ermelindo Rivodó: Ensayos de la “Biblioteca de Escritores Venezolanos Contemporáneos, con Noticias Bibliográficas”, por José María Rojas.

[38] Compendio de apuntes y tradiciones de La Guaira (Viento veloz de fuego) por Enrique Rivodó.